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Friday, April 22, 2011

Colateral (versión en castellano)

Había preparado el maletín empleando una lista mental que detallaba todo lo que pensaba no incluir. Desesperanza. El cepillo de dientes de él. La añoranza. Anticonceptivos. Impaciencia. Al sacar el pijama y dejarlo en la litera inferior, la que quedaba entre la mujer del mejor amigo y su favorita de las antiguas compañeras de clase, intentó recordar algún chiste que pudiera contar durante la cena del aniversario. Su hija se colgó de la litera superior y le dió un golpecito en el hombro.

¿Por qué tienes que contar un chiste?- preguntó.- No eres graciosa.

No tengo porqué contar un chiste- contestó,- y gracias por el cumplido. Sólo que me gustaría sentirme más parte del grupo, ¿sabes?

Pero si lo eres. Siempre venimos nosotras.

Son los colegas de Papa, no los míos, y eso lo sabes. La que quieren que venga eres tú en realidad. Ei, ¡podrías contar un chiste tú!

Clara resopló y se cayó de espaldas contra el colchón.- Sí, claro. Tú nunca te ríes cuando te cuento un chiste.

Tus chistes no tienen gracia.

¿Tenían gracia los chistes de Papa?

No.

Tampoco cuentan chistes las demás madres.

Ya, pero no soy las demás madres, ¿verdad? Me gustaría poder contar un chiste, como lo hacen los padres.

Era consciente de que se hallaba muy metida en un agujero del que convendría salir (¿cuál es la primera regla de los agujeros? para poder salir, primero deja de cavar.). ¿Dónde había guardado la tolerancia? ¿La paciencia? ¿La indiferencia? Cogió el neceser y lo agitó. ¿Dónde estaban las pastillas que dan la sensación de pertenecer? ¿La barra de labios para sonreír ante las conversaciones empezadas hace 25 años? ¿El perfume para borrar la peste de la soledad?

¿Y porqué no estás jugando con Jessica y Patricia? Son de tu edad.-

¿Es una obligación?- Clara miraba hacia la pared.

Por supuesto que no es ninguna obligación, pero por eso estamos aquí. No es por mi, desde luego.-

¿Por qué no te gustan los amigos de Papa?-

Paciencia. Allá, justo debajo de la novela de la mesita de noche.

¿Quién ha dicho que no me gustan los amigos de Papa? Estoy aquí, ¿verdad? Pero en el fondo lo hago por ti, así que porqué no te vas a jugar?- Se puso de pie para darle un toque en el hombro a Clara y vió que en sus pestañas brillaban lágrimas.- Clara, cariño, ¿qué te pasa?

Nada. Déjame en paz.- Se escabulló de la mano de su madre.- No quieren que juegue con ellas. Ni siquiera me hablan.

Benevolencia. Magnanimidad. Aunque no lo podía justificar, sabía cómo se sentía su hija. ¿Autocompasión? Desde luego que no la había incluido cuando hizo la maleta. Transigencia. Píldora no tragada. Compañerismo. Aquí mismo en su bolsillo trasero.

Vale, escucha.- Apartaba el flequillo de la frente de su hija.- Vamos a lavarnos la cara y peinarnos un poco y luego iremos al comedor a esperar la cena, ¿de acuerdo?- Calló un momento.- Vamos a pensar en un chiste, ¿qué te parece?

Clara se giró hacia su madre que le abrazaba, se sorbió y dijo: -¿Qué dan más, tetas o carretas?

Clara sonrió y su madre esperó. Clara siguió:

¡Te dan más las tetas que las carretas!

¡Tiran! ¡Tiran más dos tetas que cien carretas!- corrigió mientras bajó de la litera a Clara, cuyos mofletes se teñían de rojo, y la depositó en el suelo.

Tiran más dos tetas que cien carretas- dijo de nuevo.

Clara lo repitió: -Tiran más dos tetas que cien carretas.- Negó con la cabeza.- No lo pillo.

***

1 comment:

  1. Precioso.... esos conceptos abstractos que tan bien nos irían en según que momentos, pero que realmente es difícil que empaquetar y llevar en nuestro bolso....

    Aida.

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